¿TDAH o ansiedad? Cómo se distinguen en adultos

En qué se parecen el TDAH y la ansiedad en adultos, qué los diferencia, cuándo van juntos y cómo se evalúa en consulta.

Dra. Victoria Voces ·
Cuaderno abierto y una taza sobre la mesa, junto a una ventana con luz natural

«Me cuesta concentrarme, por dentro no paro, duermo mal y siempre tengo la sensación de que se me escapa algo.» Es una forma muy habitual de describir lo que pasa, y podría corresponder a un TDAH, a una ansiedad o a las dos cosas a la vez. Hay quien llega convencido de tener TDAH y lo que aparece es sobre todo ansiedad, y quien lleva años tratando una ansiedad que no termina de ceder porque debajo había un TDAH sin diagnosticar.

Distinguirlos no es un detalle técnico. Cambia lo que conviene trabajar primero y cómo se plantea el tratamiento.

Por qué se parecen tanto

El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) y los trastornos de ansiedad comparten varias quejas que, vistas desde fuera, son casi iguales:

  • dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco;
  • inquietud, sensación de no poder parar;
  • irritabilidad;
  • problemas de sueño;
  • olvidos y sensación de ir siempre por detrás.

De hecho, el DSM-5-TR (el manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría) incluye la dificultad para concentrarse y la inquietud entre los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada, y también forman parte del TDAH. El mismo manual pide, para diagnosticar un TDAH, comprobar que los síntomas no se explican mejor por otro problema, y nombra expresamente la ansiedad. Por eso una lista de síntomas, por sí sola, no basta para saber qué pasa.

La primera pregunta: ¿desde cuándo?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo: empieza en la infancia. Para diagnosticarlo, varios de los síntomas tienen que haber estado presentes antes de los 12 años (DSM-5-TR), aunque nadie les pusiera nombre entonces. Por eso en la evaluación repasamos tu infancia y tu etapa escolar.

La ansiedad puede empezar a cualquier edad, también en la infancia, pero a menudo aparece o se intensifica en una etapa concreta: un cambio de trabajo, una pérdida, una época de mucha presión. Si las dificultades de concentración empezaron hace poco y de la mano de la preocupación, es menos probable que se trate de un TDAH.

Ojo con una trampa: no es lo mismo que algo empiece ahora que se note ahora. Muchos adultos con TDAH lo notan por primera vez cuando las exigencias superan lo que llevaban años compensando (la universidad, un trabajo nuevo, la llegada de un hijo), aunque al mirar atrás las señales ya estaban.

La segunda pregunta: ¿qué se lleva tu atención?

Esta suele ser la diferencia más útil.

En la ansiedad, la atención está ocupada: se la lleva la preocupación. Es difícil concentrarse en un informe cuando una parte de ti está anticipando todo lo que puede salir mal. Cuando la ansiedad baja, por ejemplo en vacaciones o tras resolver un problema, la concentración suele volver.

En el TDAH, la dificultad está en sostener la atención en lo que no te interesa, aunque estés tranquilo. Aparece también en los buenos momentos. Y a la vez, muchas personas con TDAH pueden concentrarse muchísimo en lo que sí les engancha, hasta perder la noción del tiempo.

La tercera pregunta: ¿cómo es la inquietud?

En el adulto con TDAH, la hiperactividad de la infancia suele convertirse en una inquietud interna: necesidad de moverse, de hacer varias cosas a la vez, de cambiar de tarea; impulsividad al hablar, al decidir o al gastar.

En la ansiedad, la inquietud se parece más a un estado de alerta: tensión muscular, cansancio, nudo en el estómago, palpitaciones, la sensación de que algo malo va a pasar.

Ninguna de estas pistas decide por sí sola, pero juntas orientan mucho.

TDAH y ansiedad a la vez

Con frecuencia no hay que elegir. La ansiedad es uno de los problemas que más acompañan al TDAH en la edad adulta: en un gran estudio de población en Estados Unidos, casi la mitad de los adultos con TDAH había tenido un trastorno de ansiedad en el último año, frente a uno de cada cinco entre quienes no tenían TDAH (Kessler y cols., 2006).

A veces la ansiedad es, en parte, consecuencia de años de TDAH sin diagnosticar: plazos que se escapan, reproches, el esfuerzo constante de compensar y el miedo a fallar otra vez. Otras veces son dos problemas que conviven y se alimentan entre sí. Por eso la guía NICE sobre el TDAH (NICE es el organismo británico que publica guías clínicas) pide que la evaluación incluya siempre los otros problemas de salud que puedan coexistir, y no solo los síntomas del TDAH.

Por qué importa distinguirlos

Porque el plan cambia. Si lo principal es la ansiedad, el trabajo se centra en entender qué la mantiene y cómo aliviarla (lo cuento en ansiedad en adultos). Si hay un TDAH, conviene entender cómo funciona tu atención, organizar el día a día y recuperar la confianza en ti después de tanto tiempo sintiendo que fallabas. Si están las dos, hay que decidir por dónde empezar y cómo se influyen.

La medicación, cuando está indicada, también es distinta en cada caso, y solo se plantea después de evaluarte. En mi consulta la base es la psicoterapia, con o sin medicación.

Cómo se separan en la evaluación

Ningún cuestionario distingue por sí solo un TDAH de una ansiedad; la guía NICE pide no diagnosticar solo con escalas, sino con una evaluación clínica que incluya la historia del desarrollo y los problemas que puedan coexistir. Para separar las dos cosas, una de las claves es comparar épocas: cómo era tu atención antes de que empezara la preocupación, cómo es en vacaciones o en las temporadas tranquilas, y qué queda cuando la ansiedad ya está tratada. Cómo es el resto de la evaluación lo explico en la página de evaluación del TDAH en adultos.

Cuándo merece la pena consultar

  • La concentración no mejora aunque la ansiedad esté tratada o haya bajado.
  • Las dificultades para organizarte o sostener la atención vienen de la infancia, no de una etapa concreta.
  • Has notado que, cuando la vida se complica (más trabajo, un hijo, un cambio), lo que antes sacabas adelante se desmorona.
  • La preocupación o la tensión te acompañan casi a diario desde hace meses y afectan a tu trabajo, tus estudios, tu sueño o tu pareja.

Si dudas de a quién acudir primero, te puede servir ¿psicólogo o psiquiatra?.

Preguntas frecuentes

¿La ansiedad puede dar problemas de atención?

Sí, y es muy frecuente. Cuando la preocupación ocupa la cabeza, cuesta concentrarse y se olvidan cosas. La diferencia con el TDAH es que suele mejorar cuando la ansiedad baja.

¿El TDAH puede causar ansiedad?

Puede contribuir a ella. Años de olvidos, plazos que se escapan y reproches hacen que muchas personas vivan con miedo a fallar. Por eso, a veces, al tratar el TDAH también se alivia parte de la ansiedad, y otras veces la ansiedad necesita su propio tratamiento.

¿La ansiedad puede tapar un TDAH?

Sí. Si la ansiedad es intensa, se lleva toda la atención y es difícil ver qué hay debajo. Por eso conviene revisar la historia desde la infancia y volver a valorar la atención cuando la ansiedad ha bajado.

¿Puedo tener TDAH y ansiedad a la vez?

Sí. Es una combinación habitual en adultos, y conviene valorar las dos para que el tratamiento tenga en cuenta ambas.

En las mujeres el TDAH suele pasar desapercibido más tiempo; le dedico una página al diagnóstico tardío del TDAH en mujeres. Y sobre lo que un diagnóstico dice de ti y lo que no, puedes leer etiquetas en salud mental. Si quieres saber qué ocurre en la primera consulta o lo que cuesta, está en sus páginas.

Artículo revisado y firmado por la Dra. Victoria Voces, psiquiatra colegiada n.º 282880963.